martes, 29 de junio de 2010

Vacant: 1.- El Instituto de Magia


- Quiero aprender Magia – dijo el joven, acercándose a la recepcionista.
A pesar de que era un instituto muy cercano a la ciudad, muy pocos podían entrar a él, ya que contaba con una seguridad impresionante. El joven, ahora esperando a la lenta recepcionista, había ganado una beca que el instituto ofrecía, para formar parte de la nueva carrera llamada Magia.
Mientras veía a la recepcionista teclear, miró a su alrededor: era un cuarto pequeño para ser un colegio de tanto prestigio, y no podía dejar de pensar en lo natural – hablando de un colegio mágico – que el lugar parecía. La recepcionista lo miró de arriba abajo, examinándolo.
- ¿Es usted un ladrón? – dijo seria y fría.
- ¡Soy un becado! ¿Cómo podría entrar aquí, con sólo esta maleta?
- Hay ladrones hábiles y tan pequeños como tú.
- Tengo beca – repitió.
- No la veo – dijo, y volvió a mirar su computador.
El joven sacó de su bolsillo el arrugado papel, que lo acreditaba con todo un año pagado, gracias a la beca “Nuevos Talentos”, que ofrecía el instituto. No tuvo ni la más mínima idea de cómo paso, pero entraron unos tipos con sombrero de punta y ala ancha a la sala de su colegio, y lo señalaron sin mirar a nadie más.
- Él – habían dicho – denle una beca y lo esperamos en el instituto.
No supo en ese momento cómo podía alguien, con sólo mirar, ver las potencias mágicas de uno, pero se alegró mucho de haber sido catalogado como distinto ante los demás.
Le mostró el papel a la vieja recepcionista. Ésta lo examinó como si fuera a ser falsificado.
- Así que Martius… nombre elegante.
- Gracias.
- Llamaré a alguien para que te guíe Martius, espera allí por favor.
Al joven Martius le sorprendió que ella cambiara de una forma tan radical su trato al saber que se trataba de un alumno, le dieron ganas de gritarle racista, pero se contuvo, de todas formas, estaba en el único Instituto Mágico de la ciudad.
Después de un momento apareció un tipo alto, de rasgos finos, cabello corto y negro, peinado como si quisiera demostrar seriedad y con un abrigo largo de color negro.
- Sígueme – dijo, serio también.
“¿Que acaso estos se toman todo seriamente? – pensó Martius.”
- La verdad, es que somos una institución seria, jovencito – dijo, serio aún.
- ¡Cómo leyó mis pensamientos!
- Lo aprenderás… lo aprenderás… creo.
- ¿Cómo que cree? ¿No es profesor?
- Sí, pero no soy de aquellos que apuntan a alguien diciendo que es el indicado para algo, no… eso lo hacen los Viento.
- ¿Los Viento?
- Sí, los viento. ¿Nunca tomaste en cuenta los cuatro elementos? ¿De esos que se les habla a todos, en todos lados? ¡Si, incluso en libros de fantasía y dibujos animados se nombran!
- Si, pero no pensé que fueran… ya sabe… reales.
- Lo son, y formarán parte de tu vida si te ganas otro año aquí dentro.
Mientras caminaban lograban ver lo amplio que era el lugar. Parecía más un campus de universidad que un simple colegio, ya que tenía un patio inmenso cubierto de un pasto muy bien cuidado, y en las cuatro esquinas cuatro edificios, más otros que se veían al fondo, pero parecían más antiguos…
- ¿Lindo, no? – dijo el profesor.
- La verdad, pensé que se parecería más a un colegio – dijo el joven.
- Ya lo sabía – dijo el Mago.

Martius tenía una confusión en su cabeza, todo había ocurrido tan rápido… su selección, su forma de despedirse, incluso salió de su casa sin haber tomado su desayuno para llegar a la hora citada en el famoso papel de becado. Todo había comenzado días atrás cuando los Magos habían entrado en su sala y lo habían seleccionado, fue algo que le sorprendió mucho y algo que no olvidó en todo el día. A la salida de su colegio – ahora ex colegio – había estado hablando con sus amigos y mas que halagado se sintió triste.

- ¿Sabes que no podrás salir hasta las vacaciones verdad? – le había dicho su amigo más cercano.
- Sí, lo sé, pero eso no le quita la emoción de que aprenderé Magia – dijo recordando el momento – además sólo quedan unos meses para que lleguen las vacaciones.
- ¿Y crees que no te extrañaremos? – dijo una de sus amigas dentro del grupo – dijimos que duraríamos juntos hasta que saliéramos del colegio.
- Pero las cosas cambian, ya lo ves con esto de que me llaman para algo que me encantaría hacer – dijo cabizbajo.
- Si lloran tanto, ¿por qué no se mandan cartas? – dijo el cuarto miembro del grupo – no creo que tengan computadores allá adentro, es un mundo aparte dicen.
- Sí. También dicen que hay ritos para despertar gente muerta o para invocar demonios – dijo el otro, que estaba metiéndole más leña al fuego.
- Ya, no le metamos miedo al cabro – dijo el otro – quizá no nos quiera hablar nunca más – rió.
- Tan simpático como siempre este Vegor – dijo Martius sonriendo – creo que nos mandaremos cartas, comenzaré yo apenas llegue a la escuela.
- ¡Pero que no se te olvide! – dijo la chica – mira que tienes una promesa conmigo.
- Lo sé, lo sé – dijo Martius, y era lo que más le pesaba al momento de irse.
- Ya empezaron con sus cosas secretas – dijo Vegor – ¿por qué no se dan un beso luego?
- ¿No será que estás celoso? – dijo su otro amigo - ¡Vegor está celoso!
- ¡No estoy celoso! – dijo Vegor – sólo que me altera que no tengan la valentía para decir lo que sienten.
- Son así, déjalos. Ya llegará su momento.
- Cómo puedes ser tan paciente – dijo Vegor, gruñendo.
- Porque sí – dijo el otro, sonriendo.
- Van a faltar esas mini-discusiones allá – dijo Martius.
- Por eso vendrás aquí apenas empiecen las vacaciones – dijo el tipo tranquilo - ¿Cierto, Clover? – miró a la chica que tenía al lado.
- ¡Cierto! No vayas a olvidarte de nosotros – dijo dándole un abrazo.
- Nunca – dijo devolviéndole el abrazo.

Primera Entrada ?


Y vamos por la primera... me pregunto si me podré acostumbrar a este pequeño cambio o si dejare mi otro lado... supongo que en el fondo no lo sé aún pero veamos como todo esto resulta !