El mundo tiene la buena costumbre de llevarte hacia donde quieres ir, mientras te vea completamente convencido de ello. Y esa es la parte difícil, mostrar esa decisión, sin miedo de lo que llegue a pasar en el futuro, o con la valentía necesaria para afrontar lo que se venga. Al mundo no le gustan las personas que deambulan sin nada en mente, o las personas indecisas. A esas personas el mundo tiene la mala costumbre de personalmente encarrilarlos en una dirección que seguramente a nadie le gustaría, a menos que se sea conformista y no se aspire a nada. Para el resto de personas encarriladas sin su consentimiento, les tomará un esfuerzo sobrenatural demostrarle al mundo que son capaces de decidir su camino por ellos mismos. Porque no están acostumbrados a tomar decisiones con consecuencias gigantescas en la vida de ellos y los que lo rodean, y porque el miedo al futuro siempre está presente, y no se le puede derrotar, sólo enfrentarlo.
Así funciona el mundo, a eso se le llama "destino". El destino es selectivo. Existe cuando tiene que existir, funcionará cuando tú lo desees. Para bien o para mal, dependiendo de lo convencido que estés del camino que estás tomando.
Por eso a veces me llevo bien con el mundo (y con el destino que me presenta), y otras veces preferiría no estar tan consciente de esa fuerza abrumadora que mueve las vidas de la gente.
Sea como sea, quiero demostrarle al mundo que puedo tomar el camino que desee sin perderme a mi mismo en el proceso.