miércoles, 3 de febrero de 2016
El tema pendiente
Terminando con mis reflexiones del año pasado (sí, en febrero, porque soy una persona lenta).
Hay cosas que muchas personas pasan por alto, cuando hacen sus reflexiones sobre su vida, se me ocurre que es porque no debe ser algo importante para esas personas...
La mayoría (como yo la entrada pasada) cuenta solamente sus logros, que hizo, qué no hizo, y qué hará y no hará el próximo año.
Se olvidan lentamente de que ellos son personas.
Y como personas, no sólo hacen y no hacen.
Sino que también aprenden, olvidan cosas, recuerdan otras, moldean sus corazones lentamente durante el año, de manera que la persona que entró en ese año no es la misma que lo terminó.
Se olvidan que ellos como personas cambian, y ven siempre el mundo de una manera distinta a como lo veían comenzando su ciclo.
Basados en eso, se olvidan de lo que aprendieron de ellos mismos, o cómo les gustaría ser... sólo se centran en lo que les gustaría hacer.
No sé si se entiende.
Y como este es prácticamente un blog personal que sólo una persona lee (dedicado a ti, por supuesto), y como dije la entrada pasada que aunque haya sido un año de relleno aprendí un montón como persona, comenzaré por yo mismo, porque tengo mucho tiempo para introspecciones.
Después de unas vacaciones larguísimas (y monotonas), comencé mi año lleno de energías, diciendo que haría esto y esto otro, que lograría esto y esto otro, que sería una persona completamente distinta a la persona apática, de pocos ánimos que suelo mostrarle al 99% del mundo como mi capa protectora.
Obviamente no lo hice, mis energías fueron rápidamente consumidas por dos cosas: convivir durante catorce días con compañeros en los que no confío por completo durante un ramo obligatorio en Quintay, y por la muerte de mi perro mientras estaba en Quintay, al cual no pude consolar, abrazar por última vez, siquiera despedirme bien de él... mucho menos llorarlo, estando rodeado de tanta gente y abrumado en informes y pruebas en ese centro de investigación... me tuve que tragar toda mi pena y estar bien, para el mundo.
No es que me queje, es solo que tuve que gastar un montón de energía en eso, y sin momento para descansar el semestre comenzó, por lo que llegué muy bajo de energías allí.
Y como resultado, seguí siendo la persona apática de pocos ánimos que había comenzado de igual manera el año pasado (2014).
Dediqué todas mis energías a eliminar dos de mis grandes defectos: ser indeciso, y no terminar nada.
El primer defecto es autoexplicativo. Tener algo en mente y no decidirte si hacerlo o no (la mayoría de las veces no haciéndolo) es un defecto horrible de tener, muy contraproducente, que puede llevarte a un ciclo interminable de flojera, en donde te de lata hacer cualquier cosa, por mínimo que sea, y un costo de energía altisimo si alguna vez te decides a hacer algo... entre el sí y el no ya se pasaron dos semanas, y la idea que una vez estaba fresca ya no lo está tanto, y por lo tanto no es desarrollada de buena manera.
El segundo defecto está ligado al primero, pero es un poco peor. No poder terminar nada es algo que no es bueno, en ningún caso. Las obras se quedan a medias, los proyectos que empezaste nunca dan frutos, tu vida no es capaz de crecer si llenas la regadera con agua pero eres incapaz de caminar para ir a regar.
Me presioné para lograr terminar cosas. Por el lado de la literatura, los concursos eran la excusa perfecta, me daría la motivación para lograrlo, y... lo hizo. Rodeado de pruebas y trabajos logré crear un cuento y un libro de cuentos, ambos de ciencia ficción, el segundo más ligado a fantasía con toques de ciencia ficción. Confiando en mi talento los mandé a la guerra. Si recuerdas la entrada pasada ya sabes el resultado que dio.
Aprendí que no puedo depender del talento, que tengo que dedicarle más tiempo a una obra si quiero mandarla así. Que fue bueno como primer paso porque por fin pude terminar algo que no sea un cuento en tan poco tiempo (tengo muchas cosas que no están terminadas), y que puedo terminar cosas si me lo propongo, si encuentro la motivación para hacerlo en algún lado, ya sea terminarlo para alguien, o porque alguien lo quiere leer, o porque yo quiero ver su resultado... pero nunca debe ser porque tienes que hacerlo... no puedes ponerte un motivo tan simple o las obras terminarán feas, como las mías terminaron.
De ahí aprendí que debo ser constante con las cosas que me gustan, pero tengo que aprender a no realizar todo obligado, que tengo que dedicarles tiempo, leerlos y releerlos una y otra vez hasta declararme conforme con mi obra, y no mandarlas a la guerra apenas estén terminadas, algo así nunca ganaría... y mucho menos sería bueno. Y como los concursos son la única manera de darme a conocer (porque soy una persona muy poco sociable y conozco pocas personas, mucho menos personas que esten dedicadas al mundo literario), tengo que sacarles mas provecho y aprender a hacer obras bien construidas, y que reflejen mi interior.
Entre tanto trabajo, prueba e "internado" en Quintay, aprendí que no importa qué tan mal te lleves con una persona, o qué tanto te incomode, si pasan tiempo juntos, si o si van a aprender a hablarse, y quizá lleguen a llevarse bien.
Mirando alrededor, aprendí que puedes sacar inspiración para una historia de cualquier parte, lo importante es decidirte a hacerla, y tener la convicción y constancia para terminarla.
Durante mis vacaciones de invierno contigo, se me volvió a confirmar que no podríamos llevarnos mal si vivimos juntos, que el 99% de las personas terminaría aburrido de pasar todo el día, durante un mes con la misma persona, pero no nosotros... nosotros lo disfrutamos cada día más, y eso me deja un buen sabor porque sé que eres mi compañera de vida, y que te amo cada día más.
A finales de año (octubre-noviembre) superé a medias mi indecisión, y di un paso adelante en mi motivación científica, un profe buena onda y muy dedicado a su trabajo me acogió en su investigación, y me dio las herramientas para hacer la mia propia a partir de los datos que él tenía. Ahora espero solamente no decepcionarlo y esperar que mi defecto de no terminar las cosas no me saque la cuenta esta vez, y ojalá derrotarlo por completo con esto.
Me volví más maduro también... me di cuenta que perdí mi capacidad de hacer buenos diálogos, pero aprendí a hacer buenos conceptos y a mirar el mundo desde distintos puntos de vista. Dejé de echarle la culpa al mundo por lo que pasa (aunque sigamos sin llevarnos bien), y comencé a centrarme más en qué puedo hacer yo para mejorarme, y sentirme mejor conmigo mismo cada día más.
Aprendí que el mundo es multicolor, y que cada día aprendo más a mirarlo desde más colores cada vez, y que lo ideal sería entenderlos todos de manera de tener una opinión verdadera de lo que me rodea, y no sólo lo que "me enseñaron" o porque "me dijeron que era así".
Aprendí que soy un viejo chico, que todos mis conocidos están rodeados de personas reventándose en carretes y yo estoy aquí, escribiendo... lo que me hace feliz de cierta manera, saber que disfruto el mundo de una manera distinta, y que existe una persona que me entiende y lo disfruta igual que yo.
Además de las vacaciones y la muerte de mi perro no ocurrió nada más relevante (que pueda recordar por el momento), y es por eso que es un año de "relleno". Comencé el año lleno de energías que fueron arrebatadas rápidamente. Terminé el año conociéndome mejor, y habiendo superado en un 80% uno de mis defectos.
Y comienzo este año queriendo ser una persona a la altura de las expectativas que todo el mundo comienza a ponerme. "Si, ese alumno trabaja bien" "Sí, el piensa bien las cosas y puede hacer esto y esto otro". No sé, supongo que si alguien comenzara a decirme eso de mis escritos me sentiría igual de presionado... afortunadamente son personas contadas con los dedos los que los han leido, así que puedo estar tranquilo.
Y nada, este año espero no decepcionar a nadie, especialmente no decepcionarme a mi mismo, que ya he sentido eso, y es una sensación tan desagradable...
Me gustaría escuchar un "hiciste más de lo que pensé que harías". Pero eso ya lo decidirá el futuro.
Planeo participar en más concursos, pero terminando lo que ya comencé, dándole mucha resistencia y piernas fuertes a mis obras, que sean contundentes, con sentido, y que te den ganas de leerlas y seguir leyéndolas.
Te amo amor, perdona lo largo.
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