domingo, 13 de noviembre de 2016

Castillos de Arena


Cuando era chico, siempre pensé que el mayor desafío me lo encontraría en el aspecto social, tratando de encajar en ese mundo pasado tan extraño y muy muy distinto a como lo es ahora. Era mi mayor preocupación, y con el tiempo me di cuenta que dejó de serlo, porque sin darme cuenta encajé en un lugar, luego en otro, y luego en varios más.

Cuando llegué a la media, pensé que mi mayor desafío sería llegar a la mejor universidad posible (a través de esa estúpida prueba), y que desde allí todo iría bien, pues los estudios siempre se me dieron bien, y no necesitaría más que ponerle siempre ánimos, muchos ánimos, para no caer en problemas de motivación, una de mis grandes debilidades. Quedé en una buena universidad, y me di cuenta de que no era eso lo que importaba, sino lo que la carrera que estudiabas te daría. Al escalar ese muro me di cuenta que no era el fin, y que un paisaje aún más desafiante se alzaba ante mí, y en el horizonte un muro aún más aterrador que el que acababa de superar. No terminé esa carrera en la que tanto me esforcé por quedar, pero si encontré la carrera por la que sentía vocación.

Cuando llegué a esa segunda universidad, pensé que mi mayor desafío sería encontrar lo que realmente me gustaba de entre las millones de opciones y ángulos en los que uno puede dedicarse como profesional. Pensé incluso que podría parar una vez terminara la universidad, darme un descanso, reordenarme, prepararme para la “aburrida vida de un adulto”, ese vaivén de trabajar, carretear y descansar porque estás tan agotado de trabajar y carretear que no te da para más. Así me habían pintado el mundo adulto, y me aterraba volverme gris y repetitivo como nunca lo imaginé, atrapado en ese círculo vicioso de personas que sólo saben copuchar lo que pasó en el carrete pasado mientras trabajan,  y sólo saben hablar y quejarse/elogiar  su trabajo mientras carretean.

Ahora, casi terminando esa segunda universidad, me doy cuenta que no es necesario ser parte de ese círculo para ser un adulto. Puedes ser como lo desees y el mundo jamás te lo reprochará mientras cumplas con tu trabajo. Que este mundo es más que eso. Que lentamente mientras vas creciendo, vas agregando tus granitos de arena a tu alrededor. Que luego, cuando sepas lo que quieres hacer, sin importar lo que eso sea, puedes tomar esos granitos de arena y armar tu castillo de arena, basado en todas las cosas que has vivido. Que quizá no seas recordado por la eternidad, y tu castillo de arena se lo va a llevar la marea del tiempo, pero lo importante es estar siempre construyendo tu castillo de arena. Que sea tu orgullo, que la gente lo mire y diga que es un hermoso castillo, que es capaz de identificar los detalles y la forma y preguntarse por qué la eligió, por qué es así. La gente podría tomar cosas que le gustó de tu castillo y agregarlo al suyo si así lo desea, tú puedes tomar ideas de otros para agregarlas al tuyo, no importa, lo importante es estar siempre construyéndolo.

Porque ese castillo te define, te identifica, ese castillo de arena será lo que quedará cuando tu ya no estés. Ese castillo de arena será la fuente de inspiración de muchas personas más que quieran seguir tu camino, que quieran tomar cosas de tu camino para hacer el suyo aún más interesante. Ese castillo de arena narrará toda tu historia, y con el tiempo desaparecerá como todo lo hace.
Pero otros castillos de otras personas serán construídos con la arena de ese castillo. Y los granitos de arena que tu agregaste, así como los de muchas otras personas más estarán allí. Así es como avanza esta vida, y es por eso que una vida nunca será igual que la otra.


Escalar muros cada vez más altos, y construir castillos de arena cada vez más imponentes.

1 comentario:

  1. yo se que tu vida no sera aburrida y espero ser parte de ella siempre >.< te amo mucho u//u

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