lunes, 11 de diciembre de 2017

Light


Cuando faltan ánimos para continuar, es fácil quejarse y culpar al mundo de lo que ocurre. Muchas veces he caído en eso también, intentando desviar la culpa o la responsabilidad de lo que ha pasado a mi alrededor y conmigo.

Cuando faltan ánimos, es fácil quedarse en un rincón, en la oscuridad mientras esperas que las cosas mejoren por sí solas. Sin ganas de mover un dedo porque desde la posición en la que está se ve todo como si fuera inútil. Te quedas en la oscuridad, mirando el suelo, pensando una y otra y otra vez cómo permitiste que todo llegara a estar así.

Es difícil darse cuenta de que sólo basta levantarse y caminar un poco para darse cuenta de que hay luz en los lugares que menos esperamos, escondida en la gente que menos te lo esperas, e irradiándote de una manera que no pensabas que era posible.

Muchas veces tendemos a encerrarnos solos, sin darnos cuenta de lo que realmente valemos, tanto para nosotros mismos como para el resto del mundo. Tendemos a pensar que las cosas nunca cambiarán o nunca mejorarán, y no hacemos nada para cambiar nuestra situación... uno debería siempre luchar contra ese sentimiento, porque (al menos en mi caso) muy muy rara vez aparece un superhéroe a salvarte, y la mayoría de las veces eres tú mismo el que tiene que superar el desafío que muchas veces consideraste imposible, y que luego de superarlo te das cuenta de lo mucho que has crecido.

Deberíamos recordar que hay más luz en nosotros de lo que pensamos.

Deberíamos recordar que hay más luz en el mundo de la que que queremos ver. A veces nos ciega, a veces nos guía, a veces nos da las fuerzas para encontrar nuestro propio camino, pero ahí está.

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