martes, 28 de marzo de 2017
Reflexión de fin de año
Comienzo a pensar que tengo los años corridos, que realmente para mi el año comienza por estas fechas y no por el día que todos celebran, pero quién sabe, en una de esas es que estoy más lento para introspecciones y esas cosas.
Recuerdo que el año pasado había dicho que sería un año lleno de luchas internas o algo similar, donde trataría de superarme siempre más y no decepcionar a nadie, asegurándome de hacerme cada día más fuerte.
Bueno, me hice cada vez más fuerte.
Pero me decepcioné a mi mismo muchas veces, y decepcioné a gente que no debería haber decepcionado.
Y fue por culpa de mis dos debilidades (más una que la otra).
Además de eso, tampoco logré ninguna de mis metas "externas", lo único que logré fue egresar, por lo que sólo me queda mi tesis y debería ser un profesional hecho y derecho.
El año pasado está dentro de los peores años de mi vida, en muchos sentidos.
En fin, partamos del principio.
Soy una persona que tiene una eterna relación amor-odio con los cambios. Me han llevado a vivir experiencias hermosas como me han llevado a perder mundos completos. A la fuerza los he aprendido a respetar, y sé lo que son capaces de hacer.
Por eso cuando este último año de universidad a todos mis compañeros de generación les dio por ser los mejores amigos del mundo con todos, a que nos juntemos a carretear, a salir más juntos y todo eso, sentí escalofríos horribles. No porque me cayeran mal (de hecho todos me caen bien, la verdad), sino porque sentí la presión social.
Querían más de mí. Que saliera con ellos, que tomara con ellos, que me adaptara a ellos.
Y yo no estaba dispuesto a eso. Sabía que las cosas iban a terminar mal si seguía por ese camino, porque la gente es incapaz de comprender las repercusiones que sus actos tienen sobre los demás.
Tenía miedo que por todas esas insistencias terminara volviéndome una persona completamente distinta (como suele pasarme cuando me dejo llevar por la corriente, como me pasó en un mundo que ya no existe), que dijera que "sí" por miedo a caer mal, y que dijera que "no" para no llevarle la contraria al resto.
Odio esa debilidad mía, y no quería odiarme a mí mismo al darme asco pensando las estupideces que podría hacer para caerle bien a la gente.
Así que les dije que no a cada invitación a carretear que me hicieron desde inicios de semestre hasta inicios del segundo. Fue desgastante, muy desgastante, porque ya después comenzaba a sentir la pesadez que lanzaban, porque seguramente desde fuera se veía que yo también era pesado con ellos, osea, lo único que estaban intentando era ser simpáticos, y llega el enfermo y les para los carros cada vez que quieren acercarse un poco más a él.
No quería que formaran parte importante de mi vida, porque me daba miedo decepcionarlos, o que vieran la estupidez de persona que realmente soy. Una contradicción al escribir tantas cosas para seguir avanzando y luchando, cuando estoy constantemente peleando conmigo mismo.
Entre eso y los estudios no podía hacer muchas cosas más, y decepcioné a un par de personas que esperaban resultados de mi (aunque este año corregí el error).
El primer semestre se intensificó porque hubo un paro de estudiantes justo antes de las últimas clases, donde todos quedamos en unas vacaciones que no pueden llamarse vacaciones porque al ser nuestro último año estábamos en tensión constante, muriéndonos de nervios al recordar lo horrible que sería todo al reanudar las clases. Así que no sería erróneo decir que el año fueron dos semestres que se sintieron como uno completo, sin descanso entre ellos.
El segundo semestre fueron estudios todavía más intensos, un grupo gigante de compañeros de curso que se llevaban muy bien entre ellos y el otro tipo ese que no hablaba mucho pero que era simpático cuando le hablabas, y un visitante inesperado en el departamento que se quedó a vivir allí hasta entrado enero (cuando me fui de ese departamento), y que trajo incomodidad, peleas, más peleas, aire tenso, la sensación de ser siempre vigilado, que todo lo que digas será usado en tu contra, y una "reconciliación" inesperada que aunque no eliminó los problemas si eliminó parte de la tensión durante los últimos momentos.
A principios de este año, cuando terminé de arreglar las cosas para la tesis y participar de un avance de la investigación cientifica que hago, me fui liberado de la universidad a mi casa, donde se me puso a prueba de mi capacidad de ser apoyo y brindar tranquilidad a alguien que lo necesitaba. Después del año del terror que tuve, no fue difícil darme cuenta lo mucho que había crecido el pasado año.
Lo más bueno que rescato de ese año es que entre todo eso que ocurría siempre tuve una personita que me servía de apoyo y descanso de ese mundo que sentía que no me trataba bien, pero que muy seguramente era un ahogo en un vaso de agua, siendo yo el que dramatiza todo. Nos vimos un par de veces y me dieron muchas fuerzas para seguir, y refrescarme de la sensación que es tener a alguien a tu lado.
Gracias por estar ahí amor, de verdad eres lo más lindo que tengo y te amo mucho.
No pasaron tantas cosas el año pasado, pero mi mundo interior fue sacudido una infinidad de veces.
Aprendí que no puedes darle el gusto a todo el mundo, que llegan momentos (lamentablemente) en los que tienes que decidir entre caer bien o perseguir tus objetivos, y la decisión nunca es fácil, y dependiendo de la situación será mejor una o la otra.
Derroté mi indecisión casi por completo, y la mitad de mi flojera, luché todo el año contra ella, y de a poco va dando todo resultado.
Aprendí que no siempre puedo ser el pilar inquebrantable que aguanta todo lo que le tiren encima. Descubrí mi límite cuando estoy mal, y voy a tener que encontrar maneras de ampliar ese límite para que algo similar no me vuelva a ocurrir.
Aprendí que puedo parar peleas entre dos titanes, y que puedo ser la voz de la razón cuando todos alrededor parecen haberse vuelto locos y hervir a mil grados. Puedo ser hielo cuando todos arden de rabia.
Aprendí a defender y proteger mis ideas frente a personas que están dispuestas a destruirlas por completo, y que la gente es capaz de darse cuenta de la fortaleza interior de los demás.
Aprendí que los demás muy rara vez dicen todo lo que piensan de ti, sea bueno o malo, y que la gente que menos te lo esperas puede tener una opinión muy alta sobre ti, a tal punto que quizá tú deberías aprender un poco más de aquel ser imaginario que ellos piensan que eres tú.
Y que en este mundo cruel, mientras avances seguro y constante hacia lo que quieres, no habrá marea o viento que se te oponga. Que aunque sea un mundo lleno de monstruos y cosas horribles, es mucho menos terrible de lo que uno lo pinta.
Y bueno... literalmente me esforcé en terminar todos los proyectos pendientes que tenía, para posiblemente mandar alguno a algún concurso, pero no logré terminar ninguno en todo el año (con suerte podía escribir bien). Sí tengo uno que está casi terminado sí, y que una vez terminado pienso hacer grandes cosas con él.
Veamos qué nos depara este año, y qué tan altas serán las montañas que tendré que escalar.
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