martes, 26 de septiembre de 2017
Hace diez años
Hoy soy una persona adulta (técnicamente), que tiene problemas de "adulto" y que los soluciona como "adulto". Y como "adulto" que soy, suelo recordar cosas muy precisas de quién o cómo era hace diez años, sin saber si realmente esa es la realidad, o si realmente estoy olvidando cosas muy importantes de cómo veía el mundo, de mis batallas, victorias y derrotas durante esos tiempos. Hace unos días atrás quise contestar esta duda (y no lo escribí antes por lo que expliqué la entrada anterior), y releí uno de los cuadernos que escribía en ese tiempo, con un lápiz color verde y una letra horriblemente chica y un poco desordenada, pero que decía todo lo que sentía o pensaba por esos días (aunque no hablaba directamente de los eventos que me hacían pensar o decir eso, porque nunca quise que esos cuadernos fueran un diario de vida, algo muy parecido le pasa a este blog). Releí todo lo que escribí en Septiembre del 2007, y bueno, me llevé muchas sorpresas.
Hace diez años, era una persona que no hacía mucho para él mismo. Era alguien que solamente quería vivir tranquilo, y que utilizaba todas las herramientas a su disposición para que así fuera. No evitaba los problemas, pero los zanjaba inmediatamente, por el miedo de que se vuelvan más grandes aún y arruinen la tranquilidad. Vivía en una burbuja, una que creé yo mismo para evitar los problemas del mundo, y nadie nunca notó aquella burbuja hasta que ésta comenzó a romperse muuy lentamente, y entonces todos los que estaban dentro de esa burbuja conmigo supieron quién era el culpable de que sus vidas hayan cambiado tan poco en tantos años. No se lo tomaron de buena manera, obviamente. Septiembre fue extrañamente el mes en que todo comenzó a caerse.
Hace diez años era una persona que quería que todos estuvieran felices, que se preocupaba más de los demás que de él mismo, y con los consejos y el apoyo que daba a mis seres queridos ellos pensaban bien de mí. Era el mejor amigo de muchos, pero yo no tenía ningún mejor amigo. No porque pensara que los demás no lo valían, pero porque tenía personas importantes de las cuales nunca pude decidirme quién era más importante. Solucioné muchos problemas, pero nunca nadie solucionó alguno mío, y no porque no pudieran, pero porque yo era una persona que no se quería demasiado, y no quería molestar al resto con las estupideces que me atormentaban. Yo era feliz viendo al resto feliz, y no necesitaba nada más mientras estuviera tranquilo.
Hace diez años rechacé a una persona a la que le gustaba (y que a mí también me gustaba) porque a un amigo de ese tiempo que estaba dentro de la burbuja también le gustaba, y aceptarla a ella sería aceptar que mi tranquilidad se iría. No tuve la valentía para encontrar una nueva tranquilidad fuera de la burbuja. No tengo idea si fue lo mejor, pero aquí entra la eterna discusión entre la amistad y el amor. Ese amigo nunca estuvo con ella aunque lo haya "intentado", y ella al poco tiempo después estuvo con otro chico de fuera de la burbuja. Fue uno de esos puntos de inflexión en los que tu vida hubiera cambiado drásticamente si hubieras tomado una u otra elección. La cosa es que la burbuja terminó rompiéndose de todas maneras, esos amigos hoy todos menos uno ya no están, y quizá ella tampoco estaría, o quizá sí. Si la hubiera elegido a ella, seguramente me haría la misma pregunta con mis amigos y mi burbuja. Son esas decisiones en las que no vale la pena pensar demasiado, porque elijas lo que elijas, tarde o temprano mirarás atrás y si piensas demasiado te arrepentirás de lo que elegiste. De esas elecciones que no tienen una correcta, sólo dos distintas.
Hace diez años todavía peleaba contra un vacío que tenía en mi interior, y que no me dejó tranquilo hasta unos años después. Fue algo tan terrible que hacía que mi ánimo se desplomara completamente en un abrir y cerrar de ojos. Era un vacío que había dejado mi primer amor, y no paraba de pensar que lo único que podría llenar ese vacío era un amor igual de verdadero que ese. Así que deseaba con todo mi corazón encontrarme a alguien, a "esa persona", que no podía ser cualquiera, y que tenía que demostrar muchas cosas para convencerme de que era "esa persona". Nunca le dije a nadie de eso directamente, y muchísima gente me consideraba raro por no estar con la primera persona a la que le gustara.
Hace diez años pensaba que la universidad sería terrible, que no conocería a nadie que valiera la pena y que tendría que luchar por sobrevivir. Fue así, a medias, porque la universidad fue un lugar terrible, y al principio no conocí a nadie realmente, pero luego eso cambió.
Hace diez años aún combatía con la gigantesca sombra de mi hermano mayor.
Hace diez años era una persona que se alegraba por cosas simples, le gustaba molestar a sus amigos, o hacer cosas chistosas con ellos. Que se afligía fácilmente junto con los que buscaban mi ayuda, y quizá por eso la gente sentía que mis consejos eran tan buenos, o que los entendía tan bien. Era una persona que predecía muy bien los comportamientos de la gente, y me molestaban diciéndome mago por predecirlas. Nunca les conté que solamente era empatía, y que para mí era muy fácil ponerme en el lugar del otro, o varias personas a la vez, sentir lo que ellos sentían, y decir qué era lo que podría pasar según lo que encontrara. No siempre acertaba, pero muchas veces sí, yo cumplía advirtiendo, e intentando que fueran felices. Me gustaba que me dieran las gracias, saber que contribuí a su felicidad, me hacía feliz también, junto con sentirme feliz por su felicidad (por la empatía y eso). Hoy sigo siendo igual de empático, pero la gente en esta edad no anda preguntando por el mundo sobre esas cosas que nos atormentaban tanto cuando chicos.
Hace diez años fácilmente pude haber sacrificado mi felicidad y tranquilidad por la de otra persona querida, dispuesto a ese sacrificio desesperado para la solución instantánea. Hoy en día sé que casi casi nunca es necesario ese sacrificio, aunque todavía estaría dispuesto a hacerlo.
Hace diez años ya sabía que la gente va y viene, que tus mejores amigos ayer no lo serán mañana, y que gente muy valiosa para ti hoy podría no serlo mañana, y estaba dispuesto a vivir con esa verdad sin dejar de sonreír y disfrutar cada momento que tuviera con ellos. A pesar de eso nunca creí que eso fuera verdad para la totalidad de las personas, y siempre pensé que al menos una o dos quedarían siempre ahí a mi lado. No fue así, llegó y se fue muchísima gente, muchas de ellas que jamás imaginé. Al aceptar esta verdad, pude seguir sonriendo con la misma fuerza, y por eso agradezco tanto a las personas que siguen junto a mí, aunque quizá mañana no estén, soy feliz de tenerlas hoy junto a mí. Había olvidado casi por completo que a esa edad ya sabía esta verdad.
Hace diez años, y a pesar de todo lo que pasaba, era feliz, de una manera distinta a lo feliz que soy hoy en día. No mejor o peor, simplemente distinto. Hoy camino una senda completamente distinta a la que caminaba mi yo de hace diez años, y estoy feliz por eso. La gente cambia, todos cambiamos poco a poco sin darnos cuenta, y me hizo bien recordarlo, saber que he crecido muchísimo desde esos años indecisos, en donde no sabía que terminaría aquí hoy.
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